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FIESTAS DE XANTOLO

“Festividad de Todos Santos” es el primer día de noviembre, fecha instituida en el calendario gregoriano por el Papa Bonifacio IV. El día 2 señala en el calendario como “Conmemoración de los fieles difuntos”, aunque desde luego, los “infieles también tienen derecho a serlo.
El respeto y el recuerdo de nuestros difuntos ha venido haciéndose en el mundo, y desde tiempo inmemorial en fechas muy diferentes. Hemos conocido por los indicios arqueológicos encontrados en las sepulturas rituales que se encuentran en Asia, América, África y Europa, huellas que señalan características del personaje sepultado y muestras evidentes de que ha habido un sentimiento religioso y preocupación por las personas después de fallecidas.
Los mexicas o aztecas en nuestro país, durante su hegemonía, eran considerados como “el pueblo de la muerte”. Su filosofía acerca del tema de la muerte y de la inmortalidad, está plasmada en un sinnúmero de poemas como el siguiente: “Solo venimos a soñar, solo venimos a dormir, no es verdad... que venimos a vivir en la tierra”. ¿Acaso en verdad se vive en la tierra? . No para siempre en la tierra, solo un poco aquí”.
En estos poemas se ve que para el poeta mexica, no es mas que un momento pasajero; la muerte es una especie de despertar del sueño, y la vida cierta está “Más allá” . Tal vez por eso el mexicano toma la muerte a veces en broma. La misma canción dice: “Si me han de matar mañana, que me maten de una vez, o, “La vida no vale nada “.Así nacieron las famosas “calaveras”, que son versos alusivos al prójimo remarcando costumbres sobresalientes o dándoles un toque humorístico y a veces ofensivo.
En el calendario de los aztecas existían dos meses dedicados a las festividades de los muertos. Uno era el noveno mes, la fiesta de los niños fallecidos. El décimo mes era para los muertos adultos.
Con la conquista por los españoles, la tradición fue mezclada con la doctrina religiosa que trajeron y las ofrendas originales que se acostumbraba colocar junto con el cadáver, fueron transformándose en su calidad y cuantía hasta llegar a las que actualmente se usan.
Se tiene la creencia que en estos días los difuntos regresan inmaterialmente del “más allá” para visitar a sus familiares que han quedado en la tierra, por lo que estos se preparan para esperarlos y brindarles la recepción en la mejor forma posible.
Las ofrendas y otros preparativos significan un gasto extraordinario; pero todo mundo los afronta. Los jornaleros solicitan préstamos a cuenta de sus futuros trabajos, los agricultores a cuenta de sus productos, pero lo interesante es que todos quieren participar en la festividad.
Los altares antiguos fueron transformándose paulatinamente de simples mesas hasta convertirse en los espléndidos “arcos” actuales armados con madera rolliza forrada con palmilla o “limonaria” y cubiertos generalmente con flor de “cempoalxochitl” o sea que en la lengua náhuatl quiere decir “veinte flores”. Flores en ramos o cadenas llamadas “rosarios” donde sobresalen, superpuestos en su color amarillo naranja, pequeños ramos también de “olotillo” morado o “mano de león” del mismo intenso color. Tanto éstas flores como otras que se usan, se han seleccionado por su resistencia a marchitarse, ya que van a estar durante una semana o más. El “cempoalxochitl”, por reste motivo, se le ha llamado “flor de muerto”.
Los días 29 y 30 de octubre, las calles y plazas se llenan de vendedores de estos adornos y la gente se aglomera desde temprano a comprarlos. También concurren a vender varas de madera, así como la famosa cerámica de Chililico Hgo., en multitud de candeleros y pebeteros para las velas o copal, de vistosos y múltiples colores. De otras partes provienen a vender cazuelas, jarros, platos, tazas y diferentes tratos más.
La fecha para quietar los arcos son el día 30 de noviembre “día de San Andrés” que es cuando las ánimas se van y retornar hasta el año próximo.
Las tiendas se surten de cacao y azúcar porque todo mundo se provee de ellos para elaborar las “tablillas” de chocolate envueltas en “papel de China” de surtidos colores. Las panaderías trabajan horas extras para surtir con “pan de muerto” y otras clases a las familias, muchas de las cuales también elaboran su propio pan, así como los indispensables y populares tamales, tan esperados que mucha gente dice “ya vienen los tamales” cuando ésta fecha se aproxima.
En el “arco” o “altar” se colocan las ofrendas desde el día 31 en la mañana, porque precisamente a las 12 del día “arriban” las almas de los niños a “disfrutar” de la ofrenda consistente en pan, chocolate, frutas, galletas, pastelitos, y toda clase de golosina, además, o mejor dicho, principalmente, los tamales de “zarabanda” (sin carne. “caminitos” de pétalos de flores se hacen desde el altar hasta la calle para que los “viajeros” identifiquen su antigua morada. Las velas o veladoras son colocadas oportunamente y el rociado del incienso se hace precisamente a esa hora. Por diferentes rumbos del poblado se oyen las explosiones de los cohetes y humo se observa por todas partes, todo ello como signo de contento y alegría por su “visita”.
El 1 de noviembre, también a las 12 del día, nueva y mayor algarabía de cohetes porque a esa hora “se van los angelitos”y “llegan los adultos”. Los altares se surten previamente de manjares para los “grandes” especialmente tamales ya de chile y de carne, para recibirlos con esplendidez y cariño.
El día 2, igualmente a medio día, nuestros difuntos “nos dejan” y son despedidos con otra salva de cohetes. En la tarde las ofrendas son puestas en pequeños cestos o charolas y enviadas a familiares, para llevarles comestibles, música a veces, velas, veladoras, flores y coronas, así como oraciones y recuerdos gratos.
Algunos pueblos como San Martín Chalchicuautla, San Felipe Orizatlán Hgo. Guardan esta hermosa tradición donde se organizan un conjunto de disfrazados que recorren las cales bailando sones y llevando al frente al “diablo”, que maneja un enorme látigo, “chirrión” haciéndolo sonar con estruendo, esta modalidad también ya se practica en Tamazunchale.
Finalmente esta creencia, legado de nuestros antepasados, es una tradición que amalgama nuestro sentimiento regionalista, de unidad de respeto, y afortunadamente es un valor de identidad de nuestras raíces de las cuales debemos sentirnos orgullosos, por lo que vale la pena, es que a través de esta costumbre nos hace desafiar a la muerte convivir con ella.
Día de muertos en la huasteca potosina no es un ritual aislado, es una ceremonia de temporada, donde la sensación de estar con los muertos es real y palpable, a través de una interesante representación de costumbres y usos en la gente, en una cosmovisión por la eternidad.
Los pueblos de la huasteca iluminan con elementos naturales, la oscura pausa entre la vida y la muerte, pero además han mantenido la costumbre de contactar a los difuntos al presentar ofrendas, ritos mitológicos, mezclados con religión y sabiduría pagana, para darles tranquilidad y descanso en el inframundo.
Distintas son las tácticas ceremoniales diferentes los elementos usados, los objetos, utensilios, palabras y rituales por cada etnia, población y en cada familia sobre todo en la amplitud de los gustos, los oídos, los colores.
Así, la huasteca potosina se viste con mosaicos coloridos, para crear una colección de obras populares, donde lo más importante es venerar ala vida desde la tierra o la realidad misma, después descanso eterno.
La tradición inicia en la humilde vivienda del habitante indígena en aquel momento antiguo de venerar a los antepasados para estar en agrado con ellos ofreciéndoles el mismo alimento de los vivos como el pan de maíz, agua, tortillas y miel.